October 30, 2007

No es soberbia

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El otro día me acomodé en una butaca roja a observar cómo la creatividad podía ponerme los pelos como púas. Como podía hacer saltar las lágrimas de las personas. Cómo el silencio se apoderó de mi mente, que no sabía seguir por el mundo sin buscar una nueva vía. Es verdad que los sentimientos son fugaces, pero dejan un rastro siempre.

Oigo a menudo que cada persona es una artista, y traza, a grandes rasgos, un gran lienzo con su vida. Con todo lo que proporciona a los demás, con todo lo que crea y destruye forma parte de un mundo que es muestra de esa belleza general. Y estoy de acuerdo en buena parte, puesto que la vida en sí misma no siempre es fácil, y aquel capaz de crear un hueco donde poder vivir, y sentirse bien por hacerlo, es ya un artista.

Nadie dudará de que esos seres forman parte de un grupo muy numeroso de voyeurs, de personas que trazan los contornos de unas pinceladas mucho más exhibicionistas, de unos trazos impregnados de magia, de pincel más fino y sutil. De una sana vanidad merecida. Hay, entre esos artistas sombríos, unos de una especie mágica, capaz de extraer más colores de la misma obra de arte.

El otro día, mientras mi cuerpo reposaba sobre la butaca, sentía al mismo tiempo una explosión de sentimientos abrumadores, y una extraña sensación de vacío y pequeñez. Me sentía un voyeur de la mayor belleza, me sentía un pequeño artista efímero y fugaz. Y me dí cuenta que yo tengo la extraña necesidad de pintar fino, de extraer algo más de cada uno de los seres que me rodean. Emocionar, asombrar, asustar, quizá.

Tampoco sería la primera vez que alguien opina que mi deseo no es más que soberbia encubierta. Que me eleven a los altares y ver como alguien se arrodilla ante mi creación. Ni siquiera he empezado a emocionar y ya me tildan de estúpido creido. Nada de eso. Pero sí es verdad que en mi opinión la transmisión de emociones, de mensajes, de ideas, sean del tipo que sean, si ayudan a cambiar algo, o a crear algo, son una de las cosas más bonitas que hay. Más allá del arte en sí mismo. No es soberbia, es la necesidad de verte explotar.

Por eso el otro día me sentí triste y feliz a la vez. Porque existen esos seres mágicos que son capaces de emocionar con el poder de sus dedos, con su creatividad y sus ideas. Porque ellos han trabajado por ser quién son y lo han conseguido. Porque no sé sus nombres y a ellos tampoco les interesa saber el mío. Porque su regalo es su creación, y ver como los demás ríen, lloran o gritan es su placer. Porque eso es lo bonito de todo este mundo. Porque quién sabe si un día tu sonreirás ante mi idea, y nada me haría más feliz.

Y lo lejos que está de la realidad, es la otra parte menos bonita, pero ya hablaremos, que hoy quiero ser positivo.



October 3, 2007

Bestiario de rabia

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Leí una vez que si te quedas totalmente quieto, si tapas con las manos tus oidos, eres capaz de escuchar un zumbido. Algunos dicen que ese zumbido es ruido ambiental. Otros piensan que es el ruido de tu cerebro, de su trabajo. En verdad yo creo que se trata del zumbido de tu propia vida, de cómo va pasando sin darte cuenta.

Mañana amanecerá y seguramente te importe una mierda las nubes y el color de las mismas. O si el acordeón del hombre de la esquina ya no suena y no puede comprar otro. Da igual, nada vale más que la puta rutina. Revuélcate en tu fango de cada día y pídete una pizza de masa extrasuave para no engordar llena de trozos de bacon.

El tiempo vale más de lo que nos creemos. Lo dejamos huir y cuando paras a mirar por donde va te lleva horas de adelanto. Nunca podrás ganarle la carrera y lo sabes, pero eso te frustra porque en el camino hay cabellos preciosos que se marchitan, se pudren y huelen a nostalgia. Mañana volverá a amanecer, lo sabes bien, pero no levantarás la cabeza.

Hoy pasaré cinco horas en un despacho con pegatina de becario malpagado lameculos, disponiendo puntos por pulgada en ordenadores de la edad de hierro para que un hombre se saque unas perras vendiendo mi trabajo a los que llevan gafas de sol y maletines con billetes. Más tarde me sentaré otras cinco horas en un aula rellena de ociosos que pasan horas gastando su dinero en el messenger y comentando lo dificil que es el 3d. Y no hay tiempo para buscar cabellos, sólo para olerlos. Qué gran perdedor!

Decían algunos que la fotografía congelaba las almas en un papel y se morían de miedo ante un invento diabólico. Sin embargo, desde hace un mes la cámara me regala sonrisas constantes. Capturar el tiempo es una de las cosas más mágicas que tenemos la posibilidad de hacer. Un instante para siempre, ya marchito en el recuerdo pero vivo entre unos y ceros o fibras de papel. Un cabello limpio entre deshechos. Una cabeza levantada. La nostalgia más bella.

Ni inspiración ni sentido. Vaya mierda de texto.

 



August 28, 2007

Mi primera experiencia

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Una mañana, mientras dormía placidamente y babeaba el lateral de la almohada, recibí una llamada de uno de esos teléfonos irreconocibles, pero que crean una extraña sensación de inseguridad. Una respuesta con voz matutina puede echar abajo una imagen entera como profesional. En efecto, eran ellos.

Tenía concertada la entrevista en una calle del centro el lunes por la mañana. Un fin de semana por delante para disfrutar. Pregunto a la voz al otro lado de la línea que en qué consiste el empleo ya que he enviado cientos de currículums. Me habla de cámaras de video, de reportajes, de fotografía. Veo escrito en mis ojos la desesperación al enviar el curriculum, veo malas experiencias en televisión…

Así que sonrío y aguanto el aire de tranquilidad que llena mis pulmones. Podré ir a la entrevista sin preocuparme por el empleo. Si me interesa, bien, pero como no creo que me interese, estudiaré un rato las situaciones que allí sucedan. El chico que me ofrece la entrevista me pide que le lleve una muestra de mis trabajos. Claro, pues va a flipar.

La misma tarde tengo entierro. La rueda de mi coche explota por la autopista y convierte parte del coche en una persiana de metal enrollado. Suerte que nada grave sucedió. Mi coche lleva dos días en manos de un mecánico sabihondo que sigue sin atreverse a llamar a un joven estudiante para pedirle sus riñones. Sigo esperando.

Llega el lunes. El dia H. La prueba de fuego. Impresentable, me defino.

Soy incapaz de grabar un DVD con mi ordenador, anclado en la era terciaria de los dinosaurios. Necesita cerca de 50 minutos, de los que no disponía para grabar un par de gigas de datos. Me desespero y arranco mi disco duro extraible. Me da vergüenza presentarme con un aparato gigantesco en quien-sabe-qué oficiona pero es lo que hay, el trabajo no me importa, voy a divertirme, me repito.

Arranco un coche prestado y me dirijo, previo paso por google maps, hacia la calle en cuestión. Está en el centro, pero atajo por la otra parte del río. Creyendo estar al lado aparco a tomar vientos de la calle. 12.35, marcan los relojes. Mierda. Me acerco a paso presto y me doy cuenta de la distancia a superar. 12.40. La he cagado.

Avergonzado por llegar 10 minutos tarde y con un aparato sustituto de DVD me siento a tomar un café. Llamaré después para decir que me he perdido y me diran suavemente que me vaya a la mierda. Parte a la universidad y a la cola del empleo social. Genial. Que les jodan. Me tomo el café y me llaman ellos por sorpresa. No contesto. Un segundo y llamo. Me lo pienso. Me he perdido, digo. Me están esperando, que no me preocupe. 30 minutos tarde y con sobrecarga electrónica, definitivamente avergonzado en impresentable, llamo al timbre.

Tras la entrevista salí sonriente. Tres estudiantes de Bellas Artes me ofrecieron un trabajo como fotógrafo en su equipo de audiovisual de la unidad del Servef. Hacer fotos a politicuchos y demás calaña post electoral en actos de premios y más mierda para su archivo y paginas web. Me quedo con la gente la gente, muy simpatica, los equipos,cámaras de buena calidad en perfecto estado, el ambiente, de libertad creativa casi total, la libertad de horarios, amoldados a mi gusto, y trabajar por la calle, dando vueltas y haciendo reportajes.

Empiezo el lunes y mis vacaciones también terminan. 



August 22, 2007

Mi marcha verde

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El avión se inclinó suavemente a la izquierda y noté como las cabezas giraban, curiosas, desde el oscuro, y precioso atardecer del cielo Africano hacia la espectacular ciudad de Marrakech, que presumida como pocas, nos recibía cargada de gente, de sensaciones, de luces y contrastes. He aquí mi marcha verde para hacerla mía.

Si tienes la esperanza de encontrar en Africa otra forma de concebir las cosas, todavía eres afortunado/a, pues durante mucho tiempo el mundo seguirá dándote humanos con los que sorprenderte. Mi viaje obedecía a una orden interna que me alejaba de Europa, de sus formas y modales, de sus calles y sus políticas, de su asfalto, de sus ostentosos collares y perlas, de su toque de queda. Europa, nuestra Europa más cercana, ha envejecido demasiado, o yo lo sentía así.

En Marruecos hay muchas cosas que no te van a gustar, claro está. Pero ver cómo es posible que una sociedad haya evolucionado de una forma tan distinta a la nuestra no puede dejar de sorprenderte. Los primeros instantes en Marrakech te van a dejar sin aliento. Por las calles cientos de personas caminan sin un rumbo fijo, sin prisa. Algunos de ellos ríen. Tal riada de gente sólo es comparable en Valencia a las fallas. Un martes cualquiera, por ejemplo.

 

Una de las cosas que no me gustaron de allí fue el trato turístico. Son tan interesados como aquí, pues sólo quieren tu dinero, nada más. Pero me jode que se me rifen como si yo fuese un billete andante. Acercarse a una tienda en pleno centro es sinónimo de suicidio mental. Lo mismo pasa en algunos puestos de comida. El turista es carne tierna, y si pueden te cobrarán el triple. Lo entiendo pero no me gustó.

Sin embargo la comida es el maná que todo lo cura. Por unos 9 euros, sacias tu cuerpo con un par de platos de exquisita preparación. Allá donde fuí disfrute de platos deliciosos y me encantaría poder conocer la mezcla exacta de especias que le daba ese sabor tan característico y mágico a cada plato. Tangia, Tajin, cuscus, kefta…

Si tuviese que definir el ambiente que se inhalaba en la estación de autobuses hablaría de locura. No concebí antes una sensación de necesidad de orden tan grande. Gente gritando nombres de ciudades para atraer a turistas, tiendas de alimentación, paradas de autobús sin número ni nombre, cárteles en árabe que injustamente odiaba, personas y más personas, vendedores ambulantes de tabaco y agua. Fue así como me alargué a dos de mis destinos: Ouarzazate y Essaouira, por ese orden.

 

Ouarzazate es uan ciudad predesértica, famosa por su localización, llena de hoteles y que alberga el estudio de cine más importante del desierto. En él se han rodado muchas de las películas que conocemos: Gladiator, Babel, Alejandro Magno, Las colinas tienen ojos… Pero lo que más llamó mi atención, y seguramente también la vuestra es el Ksar, un laberíntico palacio de adobe del color rojizo del desierto, de la tierra que cubre el suelo marroquí. Es impresionante, y su belleza radica en sus formas, en sus colores, en su luz, en su lugar.

Essaouira me dejó mal sabor de boca. Su nombre habla de arte. Y sus calles son zocos de arte, de rastafaris y de vientos oceánicos. Jamás estuve tan cerca de las islas Canarias. Una muralla todavía recorre su costa rocosa y a lo lejos se extiende una gran playa. Lo más bonito fue observar, sobre una de las torres vigía, el vuelo de cientos de pájaros esperando una presa frente al puerto.

 

Pero sin duda me quedo con lo menos turístico, dejando atrás la milenaria Koutubia, la tranquila Menara, el impresionante palacio Badii… Lo que el turista se lleva a casa son los paseos por las calles de Marrakech. La sinuosa medina está llena de huecos a los que sólo se puede llegar sin rumbo, sorprendiéndote en cada esquina para sacar una nueva foto. Las personas, que se debaten entre la libertad y el integrismo más absurdo. Las tiendas, pequeñas ventanas donde se asoman cientos de productos en extraña armonía piramidal. Niños jugando con tizas, con los pies sucios de correr por arena, con la curiosidad en los ojos. Me quedo con aquello que me mantuvo horas con la boca abierta, con la magia de otro mundo.  

 



July 24, 2007

¿Igualdad?

Desde siempre, de alguna forma, las sociedades han repartido los papeles de liderazgo en función de una serie de factores abstractos, limitando la libertad de las personas según las valoraciones de otros seres que residen en un mismo núcleo social, o simplemente, por leyes escritas que han sido estúpidamente aceptadas por todos.

Delacroix murió en 1863 siendo totalmente rechazado por los pintores de su época en cada una de las exposiciones que realizaba. No fue hasta después de su muerte que su obra fue reconocida por artistas modernos. Ahora no somos capaces de entender el juicio al que fue sometido este genio de la pintura, pero, sin embargo, las palabras de sus congéneres fueron determinantes para su situación en vida.*

Sin poder dar una razón lógica, las sociedades, desde que existen, se organizan en jerarquías muy estructuradas. Unos mandan y otros obedecen, y no hay más que hablar. El que manda no siempre es el más fuerte. A veces es el más inteligente, el que más posee o el que más engaña. Pero otras personas, por deseo de poder o por necesidad, se venden a él y ejecutan a cualquiera que no obedezca sus órdenes. Con estas palabras, una mente rápidamente irá a pensar en mafiosos. O me pagas o te corto los dedos. Otros iremos a la evacuación de inmigrantes del antiguo cauce del río Túria. "Algunas patadas les dieron", el que manda odenó limpiar.

Fernando Ferrín Calamita ha obtenido en esta sociedad el poder de ser juez de una serie de acontecimientos. En su poder esta la decisión de dar o quitar la libertad y los poderes de las personas. Puede despojarte de tu casa y de tus objetos, o simplemente de tu libertad a su elección. Esta semana ha quitado a una mujer la custodia sobre sus dos hijas por ser lesbiana. Según nuestra "amada" constitución, no se puede discriminar a nadie por razones de sexo, y debemos entender sexo no solo como género, sino también como opción sexual. Pero él es juez, y debemos acatar.

El rey de España y su hijo, el Príncipe Felipe, sostienen en sus manos el título de rey. Como dice nuestra contitución "La persona del Rey de España es inviolable y no está sujeta a responsabilidad" así que los actos del rey, ya sea fraude o corrupción, como apuntan algunos textos, no suponen castigo alguno para el mismo. Además, el estado le dedica mas de 8.200.000€ anuales. ¿No creeis que con eso se podría solucionar muchos de los problemas de igualdad actuales?

Desde un punto de vista humano, la igualdad es un hecho innegable y exigible. Existen muchos tipos naturales de desigualdad, tanto físicos como mentales, que deberían solventarse mediante participación libre de solidaridad ciudadana. Así también, los casos de discrepancia, deben de ser resueltos en un ambiente de igualdad, nadie puede imponer sus ideas, ni siquiera el pacificador, que, por supuesto, jamás debería quedar en manos de una persona elegida. Nadie puede decidir sobre el resto de manera impositoria. Sin que ello limite garantizar las libertades individuales y colectivas.

Considero que el ser humano es capaz de llevar a cabo por sí mismo una serie de acciones sociales básicas que, seguramente se desenvuelvan en función del avance de una sociedad concreta y una macrosociedad de forma abstracta. Y nadie debe de intervenir o guiar esos cauces si no es en función de una serie de valores básicos como podrían ser los derechos humanos.

La sociedad debería de ser capaz, con una educación sencilla, de permitirse el lujo de crear un estado sin jueces o superhombres más allá de las necesidades mínimas de acuerdos interpersonales o decisiones discutidas y democráticamente votadas.

Tenemos que empezar a dejar de aceptar las cosas tal como vienen y crearnos una idea propia y mucho más básica de nuestra condición y no dejarnos llevar por esos jueces sociales. Exigir una justa aplicación de los valores sociales que, insisto, deben aplicarse a todo ser humano. Y quizá, poco a poco, podamos crear una sociedad más justa ya que mis palabras implican una lucha constante contra las decisiones diarias de los jueces, de los que mandan, de los astutos, de los que nos hacen ser distintos.

Y para empezar, debemos levantar nuestra voz contra los sucesos que ocurren cada día en nuestra sociedad, como los ocurridos, simplemente, esta semana: La censura de "el jueves", el maltrato y expulsión de los inmigrantes y mendigos, las decisiones judiciales injustas, el maltrato laboral y la explotación, tanto física como salarial…etc

 

E. Delacroix; "La libertad guiando al pueblo" 

* Basado en el texto "Los Jueces". Publicado en El Gil Blas, el 7 de julio de 1885.



July 5, 2007

Zarandeos

Suelen decirme que cuando uno se acostumbra a algo, ya no sabe salir de ello. Yo suelo molestarme ante la frase. También me dicen que cada cosa llega en su justo momento. Gilipolleces, pienso. También se oye que cuando uno lucha fuerte por algo, lo consigue. No siempre, suelo responder. Y ahora, en un instante, me han acorralado las palabras para darle el contexto al que yo no creía referirme.

A veces espiro con fuerza un montón de aire que he oprimido en mi pecho esperando, al dejarlo salir a toda velocidad, expulsar con él las arritmias de mi cuerpo que, como dice el título, zarandean mis pensamientos y los hacen borrosos y oscuros.

Me jode el mundo ahora mismo. Me jode no tener una casa y estar ocupando la de mi progenitor. Me jode tener que dar explicaciones de por qué ayer llegué a las siete de la mañana. Me jode encontrar la nevera llena. Me jode no tener que pensar si me quedan patatas y que estas estén fritas con aceite limpio y caro en la mesa. Me jode que mis sábanas huelan a detergente. Me jode que no me llamen de ningún trabajo tras enviar cientos de currículums. Me jode tener que esperar varios días para escribir un post para no desconcertar a las personas que lo van a leer. Me jode que para el resto de las personas el mundo de vueltas en función de coches, trabajo y sexo. Me jode estar aquí sentado en ve de ir de culo. Me jode pedir limosna.

Y os voy a joder a vosotros de forma involuntaria. Porque ahora mismo soy un ser de espasmos, agitándome por encontrar sentido a cada llamada y cada puerta. Arrancar el motor y buscar un destino es una putada, porque no quedan destinos. Y no es que la soledad no sea una buena compañera, es más, es la mejor que tengo en ocasiones, pero suele ser monotemática.

Me jode tener que hacer la cama al levantarme y no poder ver la tele en pelotas. Me jode tener que recibir consejos en forma de ordenes que no entiendo. Me jode no saber hablar. Me jode fregar al terminar de comer. Me jode tener secadora y que la ropa tenga que ser planchada. Me jode, como dije, tener internet 24 horas pinchado de un vecino que no tenía ganas de leerse el manual.

Y ni siquiera hay lluvia para calmarme.