No es soberbia
El otro día me acomodé en una butaca roja a observar cómo la creatividad podía ponerme los pelos como púas. Como podía hacer saltar las lágrimas de las personas. Cómo el silencio se apoderó de mi mente, que no sabía seguir por el mundo sin buscar una nueva vía. Es verdad que los sentimientos son fugaces, pero dejan un rastro siempre.
Oigo a menudo que cada persona es una artista, y traza, a grandes rasgos, un gran lienzo con su vida. Con todo lo que proporciona a los demás, con todo lo que crea y destruye forma parte de un mundo que es muestra de esa belleza general. Y estoy de acuerdo en buena parte, puesto que la vida en sí misma no siempre es fácil, y aquel capaz de crear un hueco donde poder vivir, y sentirse bien por hacerlo, es ya un artista.
Nadie dudará de que esos seres forman parte de un grupo muy numeroso de voyeurs, de personas que trazan los contornos de unas pinceladas mucho más exhibicionistas, de unos trazos impregnados de magia, de pincel más fino y sutil. De una sana vanidad merecida. Hay, entre esos artistas sombríos, unos de una especie mágica, capaz de extraer más colores de la misma obra de arte.
El otro día, mientras mi cuerpo reposaba sobre la butaca, sentía al mismo tiempo una explosión de sentimientos abrumadores, y una extraña sensación de vacío y pequeñez. Me sentía un voyeur de la mayor belleza, me sentía un pequeño artista efímero y fugaz. Y me dí cuenta que yo tengo la extraña necesidad de pintar fino, de extraer algo más de cada uno de los seres que me rodean. Emocionar, asombrar, asustar, quizá.
Tampoco sería la primera vez que alguien opina que mi deseo no es más que soberbia encubierta. Que me eleven a los altares y ver como alguien se arrodilla ante mi creación. Ni siquiera he empezado a emocionar y ya me tildan de estúpido creido. Nada de eso. Pero sí es verdad que en mi opinión la transmisión de emociones, de mensajes, de ideas, sean del tipo que sean, si ayudan a cambiar algo, o a crear algo, son una de las cosas más bonitas que hay. Más allá del arte en sí mismo. No es soberbia, es la necesidad de verte explotar.
Por eso el otro día me sentí triste y feliz a la vez. Porque existen esos seres mágicos que son capaces de emocionar con el poder de sus dedos, con su creatividad y sus ideas. Porque ellos han trabajado por ser quién son y lo han conseguido. Porque no sé sus nombres y a ellos tampoco les interesa saber el mío. Porque su regalo es su creación, y ver como los demás ríen, lloran o gritan es su placer. Porque eso es lo bonito de todo este mundo. Porque quién sabe si un día tu sonreirás ante mi idea, y nada me haría más feliz.
Y lo lejos que está de la realidad, es la otra parte menos bonita, pero ya hablaremos, que hoy quiero ser positivo.










