September 10, 2007

No me vendes la moto

Esto huele a: Sus reglas

Desde hace un par de años se llevan desarrollando un serie de campañas desde el ministerio de Defensa para dar un aire pacifista, solidario e incluso divertido al ejército. Seguramente el escaso numero de personas que se tragan la trufa de la paz y el rascarse la entrepierna obliga a gastar brutales cantidades de dinero público en campañas de gran calidad. La última que ví me llegó a tocar la fibra.

Empezaré por uno de los puntos más simples, y que damos por supuesto, para desmontar rápidamente la idea de que los hombres que estuvieron destinados en Irak, o los ahora destinados en Afganistán o Líbano, se dedican a “ayudar a ancianitas a cruzar la calle”. La simpleza es tan grande que nos la saltamos por defecto: se trata de Fuerzas Armadas. Semejante palabro ya debería hacer sangrar el oído. Semejante spot debería enervar la sangre. Las dos palabras representan la brutalidad en todos sus aspectos. ¿El convencimiento por la fuerza?¿La defensa por las armas? Tan creíble como las crema reductoras, pero tintado de película americana, que mola más.

Aunque a alguno le caigan muy bien los militares no se los imagina sin una buena ametralladora bajo el brazo, un arma, que como todas, esta diseñada unicamente para matar, y en el mejor de los casos, intimidar a otra persona. No he visto en el anucio un solo tiro, un herido o una bomba. Refleja más bien el trabajo de una ONG situada en campo de batalla que el de un ejército, y ni si quiera eso.

Aunque a uno le caigan muy mal las fuerzas armadas no podemos negar que algunos militares son los que, mediante la intimidación, gracias a un poderoso y avanzado ejército, ponen paz entre dos contendientes. Aunque a largo plazo me gustaría que esa no fuese la solución a los problemas del mundo, sino más bien un hecho muy aislado, la educación democrática de muchos pueblos sigue siendo escasa, y a veces las posturas son irreconciliables y teñidas de odio mutuo. Por eso no niego que la actuación militar, siempre y cuando sea mínima, muy localizada, muy necesaria, y muy controlada, y tenga, por lo tanto, el mínimo y justo sentido para actuar. Pero no neguemos, señores justicieros, que vais allí a pegar tiros, y que las bombas y los conflictos ocurren cada día en las zonas de guerra.

Las armas ya no llevan claveles, eso es una bonita historia.

No neguemos, que en nombre de la justicia, la guerra es la portadora del odio entre las personas, y que “terrorista” es un adjetivo repartido en función del color del uniforme. Una bala en el corazón de un enemigo es el nacimiento de tres nuevos enemigos, conmovidos por la muerte de su querido compañero. Si no, mirad los funerales militares, cargados de mensajes y símbolos.

Esta es la versión comercial, la campaña televisiva:

Y esta es la versión hecha por la infantería de Ceuta:

No me vendais la burra de la felicidad, del trabajo por los demás. Porque un subfusil, un Kalashnikov, una ametralladora, pintan de sangre cada escenario, de terror cada hogar, y de odio cada mirada.
Si quereis ayudar, Amnistía Internacional, joder.