Mi primera experiencia
Una mañana, mientras dormía placidamente y babeaba el lateral de la almohada, recibí una llamada de uno de esos teléfonos irreconocibles, pero que crean una extraña sensación de inseguridad. Una respuesta con voz matutina puede echar abajo una imagen entera como profesional. En efecto, eran ellos.
Tenía concertada la entrevista en una calle del centro el lunes por la mañana. Un fin de semana por delante para disfrutar. Pregunto a la voz al otro lado de la línea que en qué consiste el empleo ya que he enviado cientos de currículums. Me habla de cámaras de video, de reportajes, de fotografía. Veo escrito en mis ojos la desesperación al enviar el curriculum, veo malas experiencias en televisión…
Así que sonrío y aguanto el aire de tranquilidad que llena mis pulmones. Podré ir a la entrevista sin preocuparme por el empleo. Si me interesa, bien, pero como no creo que me interese, estudiaré un rato las situaciones que allí sucedan. El chico que me ofrece la entrevista me pide que le lleve una muestra de mis trabajos. Claro, pues va a flipar.
La misma tarde tengo entierro. La rueda de mi coche explota por la autopista y convierte parte del coche en una persiana de metal enrollado. Suerte que nada grave sucedió. Mi coche lleva dos días en manos de un mecánico sabihondo que sigue sin atreverse a llamar a un joven estudiante para pedirle sus riñones. Sigo esperando.
Llega el lunes. El dia H. La prueba de fuego. Impresentable, me defino.
Soy incapaz de grabar un DVD con mi ordenador, anclado en la era terciaria de los dinosaurios. Necesita cerca de 50 minutos, de los que no disponía para grabar un par de gigas de datos. Me desespero y arranco mi disco duro extraible. Me da vergüenza presentarme con un aparato gigantesco en quien-sabe-qué oficiona pero es lo que hay, el trabajo no me importa, voy a divertirme, me repito.
Arranco un coche prestado y me dirijo, previo paso por google maps, hacia la calle en cuestión. Está en el centro, pero atajo por la otra parte del río. Creyendo estar al lado aparco a tomar vientos de la calle. 12.35, marcan los relojes. Mierda. Me acerco a paso presto y me doy cuenta de la distancia a superar. 12.40. La he cagado.
Avergonzado por llegar 10 minutos tarde y con un aparato sustituto de DVD me siento a tomar un café. Llamaré después para decir que me he perdido y me diran suavemente que me vaya a la mierda. Parte a la universidad y a la cola del empleo social. Genial. Que les jodan. Me tomo el café y me llaman ellos por sorpresa. No contesto. Un segundo y llamo. Me lo pienso. Me he perdido, digo. Me están esperando, que no me preocupe. 30 minutos tarde y con sobrecarga electrónica, definitivamente avergonzado en impresentable, llamo al timbre.
Tras la entrevista salí sonriente. Tres estudiantes de Bellas Artes me ofrecieron un trabajo como fotógrafo en su equipo de audiovisual de la unidad del Servef. Hacer fotos a politicuchos y demás calaña post electoral en actos de premios y más mierda para su archivo y paginas web. Me quedo con la gente la gente, muy simpatica, los equipos,cámaras de buena calidad en perfecto estado, el ambiente, de libertad creativa casi total, la libertad de horarios, amoldados a mi gusto, y trabajar por la calle, dando vueltas y haciendo reportajes.
Empiezo el lunes y mis vacaciones también terminan.










