La ciudad roja
De entre los últimos restos de sangre, que todavía alimenta las últimas células del anhelo, nada puede suscitar más nuestro interés que el de conocer la evolución de lo que un día fue, y sigue siendo, raiz de nuestra civilización. Un grito ahogado por fe y tradición de un mundo distinto y cercano, demasiado cercano como para tenerle miedo, demasiado cercano como para dejarlo escapar. Vuelo a Marruecos.
Mis sentidos se estremecen al son de las lenguas bereberes, de los tambores y las palmeras. El continente Africano y la sociedad árabe, mágica y misteriosa, me esperan ya más allá del estrecho, de Casablanca y de Fez, agazapada junto a las montañas del Atlas y del desierto.
Si existe un continente por descubrir ese es el que se sitúa justo al Sur del nuestro. Nada parecido encontraremos en la preciosa pero aburrida Europa. ni nada tan desconocido habita en el resto. Africa es el misterio del polvo del desierto, de la calor de los alisios, de los cuerpos quemados por el sol, del regateo, de los zocos interminables, de las manos tatuadas de Henna, de las noches sin silencios.
En la ciudad roja -Marrakech- se mezclan todos los colores creando un abanico de luces y sombras en forma de grandes mosaicos, de telas y lámparas, de teterías y menta y de ojos rasgados. Me espera un nuevo mundo y estoy ansioso por descubrirlo.
Nos vemos en una semana.
Imagen: Banco de Imagenes de MEC









