A 63 km de mi hogar
Repito título de entrada de un antiguo post. Aquel lo escribí cuando anhelaba volver a las tierras donde se acumula diversión, estudios, amistad y sonrisas. Apenas quedaban unos días, tras un amargo verano de ventilador a marcha tres y soledad, para volver a lo que suelo llamar mi casa. Ahora se ha vuelto a terminar.
La cama es comodísima, las sábanas huelen a suavizante, me acurruco entre ellas y dejo entrar la luz por unas persianas que han sido colocadas especialmente para no despertarme por las mañanas. Los armarios están llenos y sacio mi despertar con cruasanes y galletas de sabores. El baño está lleno de geles y champúes para diferentes tipos de cabellos, además, varias toallas de colores cuelgan, secas, esperando. El papel higiénico es amarillo y tiene un dibujo que me recuerda a un mosaico árabe. La tele es tamaño familiar y tiene decenas de canales además de un sofá comodísimo en el que se puede dormir la siesta. Internet, lavavajillas, horno, pantalla plana, minicadena, libros y más libros, comidas sabrosas…
Sin embargo, esta no es mi casa. Lo siento.
Mi casa ahora está ocupada por aquel que está dispuesto es capaz de pagar lo que yo no podría permitirme ni en seis meses. El piso que alquilaba se ha revalorizado, como cada 28 de Junio, aproximadamente 10 veces y nos han desalojado, por estricto contrato de allí, porque no valemos lo suficiente para ocupar un conjunto de ladrillos demasiado cercanos al agua del Mediterraneo. Por supuesto, no sin antes matarnos a limpiar para que los caseros no decidieran arrebatarnos parte de la fianza que, de alguna manera, iban a intentarse llevar.
Ese apartamento de la playa de Gandia, a 63 km de aquí, reside ahora en el sótano de otra casa, encerrado con cinta de Anexa entre cajas de cartón, deseando salir para dar color y vida a una habitación de camas incómodas, pero acogedoras, para participar de una casa donde se divide las labores de limpieza, pero limpia en sí misma. Con comidas menos sabrosas, pero cocinadas con ilusión para los amigos, sin Internet ni pantallas planas, pero con la imaginación en contínua ebullición, con papel higiénico sin dibujitos, pero revistas para leer.
Y este verano se presenta apasionante, ya veis. Sobrevivir!
(Cabecera de nuestro antiguo blog común, ya olvidado en las redes internet. Podéis visitarlo pinchando en la imagen)











Y una lagrimilla que me recorre la mejilla. Para mi tb es aquella mi casa. Esta es la de mis padres. No me dejan tener la ropa por los suelos. Todo esta ordenado. No encuentro nada. Los armarios estan llenos de ropa que no me pongo.
Comment por Atanasio — July 3, 2007 @ 9:36 pm