June 16, 2007

De conversaciones (actualizado)

Esto huele a: Mente enferma

Adivina adivinanza…

¿Qué es esto para tí?

Si hay algo que me impresiona del ser humano, aparte de nuestra escasa capacidad para usar el raciocinio correctamente, es la de aprender de cada error, de cada situación, y algunos, aplicar una fórmula nueva en su siguiente oportunidad. Nuestra capacidad para aprender de la experiencia.

El otro día fui invitado a la cena de empresa con objeto de despedir la temporada de teatro y esperar a que florezcan nuevas obras para Septiembre. En la mesa, aparte del grupo de técnicos que absorbíamos las botellas de vino, el resto de la gente pasaba, por lo general, bastante inadvertida. A dos sillas de mí estaba el máximo responsable de mi puesto de trabajo. El resto eran aposentadoras, limpiadoras y demás calaña teatral.

La conversación. Lo de siempre en las cenas de empresa. Sacar los trapos sucios del teatro de cada uno y darles la vuelta de manera que resulten graciosos para todo el mundo y que, por supuesto, el afectado disimule con una sonrisa una metida de pata o un mote gracioso.

En ese momento asomó por allí un ser hasta el momento desconocido. Conocía su nombre pero no había visto sus arrugas. Todavía no se muy bien quién es, está demasiado arriba y yo estoy demasiado abajo. Y tampoco me interesa.

Sólo se que de alguna manera la conversación se desbordó de los cauces habituales y alguien empezó a hablar de política. Houdini, mi jefe técnico, profesional en el escapismo laboral, le tentaba con preguntas sobre democracia a lo que él respondía algo que nunca antes había oído. De su boca salían joyitas de realismo en forma de onda cómo "Yo no voto a nadie porque no voy a cambiar nada" "La única forma que conozco de hacer cosas es escribiendo mis obras de teatro, que hablan de algo" o "Si tuviese que votar le votaría a BBVA, que es el que tiene todo mi dinero, no sea que lo pierda"

De alguna manera me sentía tentado de intervenir en la conversación, pero, de la misma forma, me sentía tan inferior en experiencia a esa persona que tuve que contenerme y escuchar durante un buen rato, mientras mis oídos se emborrachaban de verdades que ni yo mismo soy capaz de hacerme creer, por miedo a ver la realidad.

Y cuando más me dolían los oídos y el cerebro le dijo a Houdini: "Mira, no te preocupes que yo te enseñaré a hacer pan".

¿Hacer pan? Preguntaban mis celulas del razonamiento. Señaló el pan de la mesa de un restaurante de cierto nivel y dijo "Esto no es pan". Y nos hizo entender con palabras, que el valor de las cosas más simples se ha perdido. Que si comiésemos pan de verdad, nos daríamos cuenta de el valor real de las cosas. Dejaríamos de un lado tanta tontería y tanto interés por saber quién gana las elecciones, por ejemplo.

Lo que quiero decir, y lo que ese día me volvió a abrir la mente, es que no damos importancia a cosas tan naturales en nuestra vida y tan esenciales como el pan que nos comemos. Creemos que estamos lo suficientemente avanzados para disfrutar de una serie de mínimos que, en vez de conservar estamos perdiendo.

Respuesta final: ¿Qué es esto? Pues habeis acertado. Un puto pan duro, mordisqueado y sucio. El valor que le damos a lo que tenemos.