Lameorejas sin propina
Imagina que eres uno de esos puteados trabajadores que se encargan de lamerle la oreja al visitante además de llevarle las maletas. Tu misión en la empresa es hacerle la vida al señor más placentera, ya que sentirá que hay personas capaces de poner su culo raso al aire por un par de papeles de esos que les sobran (o que han ahorrado para hacer como que les sobran)
Es un mal día. Tus compañeros de trabajo no soportan más poner falsas sonrisas y llevar maletas llenas de abrigos, chaquetones y joyas, además de servir un refrescante sorbete para seres que no te miran a los ojos para que no les contagies tu inferioridad. Por educación, alargan sus dedos hasta los impolutos bolsillos, seguramente adecentados por otro involuntario sirviente lameorejas y te lo dan separando lo suficiente los dedos como para que nada llegue a saltar de un extremo a otro. Es el típico rico del mundo que llega a pasar sus vacaciones de lujo, superior al resto.
Cuando terminas de servir al susodicho ser, introduces la propina en una urna, hecha para que todos los compañeros reciban la misma bonificación por el trabajo realizado. Esa urna debe repercutir en tí al final del mes y empiezas a desear que se llene. Más incluso que el salario mínimo, que debería reventar para que empezase a ser una mierda. Observas cada día como se acumulan las monedas y billetes y cuchicheas con compañeros si esta vez ganareis lo suficiente para permitiros ciertos lujos, para pareceros un poco más al rico, para mirar al resto por encima de los hombros. Es lo que más deseas, ser igual que ellos. Deseas amar la vida porque la vida está por debajo tuya.
Cuando llega el momento, tu jefe decide coger todo el dinero de la urna y, con él, comprar un estupendo cartel colorido que llame la atención del hotel a varias manzanas. Más allá que otros hoteles y mucho más que aquel grande de la esquina, en el que los lameorejas tienen máquinas para cargar las maletas. No cómo tú. Tu jefe opina que si hace eso, en un futuro podrás lamer muchas más orejas y aumentará la propina, en consecuencia la urna, y ganarás más dinero.
Él no te explica lo que se va a frotar las manos con la llegada de los de fuera, pero te convence, es más, te dice que si no lo haceis nunca podrás tener esas máquinas tan cómodas. Y poneis cartelitos luminosos por todas partes. Le ayudas sonriente a ponerlos y de noche, paseas para admirar las luces de tu puesto de trabajo. Brilla, y te sientes orgulloso.
Un rato antes, te ha dado las sobras de la urna de las propinas, lo que no se ha gastado en carteles. Es una puta mierda, nada de lo que esperabas. Incluso es posible que no tengas para arreglar las tuberías, que no paran de hacer ruidos y están empezando a crear goteras. Pero bueno, tu puto puesto de trabajo tiene lucecitas, y podrás comer más orejas.
Si eres capaz de traducir el texto, entenderás mi rabia por la victoria en Valencia del PP y el puto chantaje de Ecclestone y la F1, además de otras tantas cosas.









