¿Y si fuese al revés?
Normalmente trato de buscar de entre los restos sociales aquellos desechos que se han quedado anclados en nuestra conciencia cómo basura imposible de recoger, como restos en la esquina. Suelo tratar de darle la vuelta a los conceptos y remover en cada cabecita un poquito de esa suciedad que nos tiene a todos llenos de mierda. Sin embargo, parece que dar soluciones a la cada situación, aunque parezca obvio, resulta todo una maraña de interpretaciones, que aunque siempre, para un caso concreto sean relativamente válidas, resultan brutales y ofensivas para los oídos.
Vayamos al grano. Estaba sentado mirando con incrédulo las imágenes sobre la matanza que ocurrió hace unos pocos días en EEUU. Un estudiante enfermo de odio empuñaba las armas en contra del resto de estudiantes de la Universidad de Virgina. En mi interior, se revolvían los peores sentimientos de impotencia al ver que un ser resolvía sus problemas acabando con la vida de otras personas y creando mucho más odio.
Mientras comentaba con mi compañero de piso, sobre la locura estadounidense permitir la venta libre de armas, la voz de un entrevistado en las noticias me sobresaltó. Se trataba del hombre que había vendido el arma al joven asesino. Al principio parecía consternado por la situación, cosa que no dudo. Pero luego apresó con fuerza mis intestinos con el resorte de sus cuerdas vocales, para casi hacerme vomitar:
"Si las armas estuvieran permitidas en el campus, esto no habría ocurrido. Quizá hubieran muerto una o dos personas, pero antes de que cayera la tercera, el asesino habría sido abatido por alguien con un arma".
Qué tremenda verdad. Si todos los estudiantes hubiesen llevado un arma, seguramente habría muerto menos gente. O quizá todos se hubiesen vuelto locos de pánico y se suciediesen los tiros contra cualquiera que fuese más o menos sospechoso. Por supuesto, antes tú que yo, en estos casos.Se hubiesen dirimido rencillas con la complicidad de la locura. La noticia de cuatro disparos dejaría de ser noticia en nombre de la defensa propia.
En estos casos, donde la bola de mierda cerebral es tan grande que la gente tiende a resolver los conflictos, creyendo tener toda la razón, dando una solución que crea todavía más problemas, es importante que alguien ponga la zancadilla. Que alguién pare el carro de la sinrazón y la locura. Que los enfermos de odio no tengan razones para repartir su vergüenza entre el resto.
Y no solo en este caso, que, por supuesto, ha saltado a las portadas de todos los informativos. Existen muchas bolas de mierda en el cerebro de todos. Vamos a empezar a limpiarlas, a arreglar las cabecitas, que cada día da mas pena.









