Vicentito el ministrillo
Vicentito nació de rebote en una familia de “rojos” con aspiraciones. Los médicos, desde pequeño, observaron en él un extraño comportamiento. Ya avisaron a sus padres de que el niño, a pesar de ser sangre de su sangre, no valdría para mucho…
Por suerte, la familia encontró una puerta abierta para su retoño cuando Juanito, que se había llevado la mejora parte de los genes se convirtió en ministro. Vicentito ya tenía a una pierna a la que cogerse fuerte. Y así lo hizo, dedicándose en cuerpo y alma a seguir, según las instrucciones de su padre, a su tío, con el que gracias al enchufe, tendría lugar seguro en alguno de los puestos ministeriales.
Vicentito creció en un ambiente muy apacible. Se lo daban todo hecho y su tío le regalaba un anuario de los avances de la ciudad cada año para que se lo aprendiese. Su partido, con cáscara roja pero descolorida por dentro, tenía bastantes agujeros, así que el ministro pensaba a menudo en cuál de todos colarlo cuando tuviese la oportunidad.
Sin embargo, con los años sus padres se dieron cuenta de que Vicentito no parecía demostrar interés por nada. Parecía vivir en mundo paralelo al que sólo volvía cuando había comida en la mesa y se le gritaba fuerte al oído. En pocas palabras, descubrieron que su hijo no estaba “muy despierto”.
El padre, que tenía grandes planes para su hijo, se desesperaba viendo que jamás podría llegar a alcalde dado que ellos no poseían grandes tierras y eran gentes de campo, y que además, su hijo no ayudaba mucho dado su estado catatónico continuo.
Cuando Vicentito ya era mayor su padre decidió que debía encontrar un trabajo a su altura, para, sin perder las esperanzas, espabilarle y, con un estironcito de su tío, ya ministro de Cultura del pueblo, poder escalar peldaños.
Una tarde el padre de Vicentito se acercó al ministerio y con cierta preocupación buscó ayuda en su hermano.
-No te preocupes, tu hijo va a tener preferencia en lo que a mí respecta. No tendrá que rendir cuentas a nadie y le tratarán como lo que se merece. Además, yo decido quién trabaja y quién no, y mis amigos, y sobretodo mi hermano, están por delante de todo. Los demás ya trabajarán en lo que puedan.
El ministrillo hizo un par de llamadas. Había personas que ya le debían favores de antes así que su sobrino podría entrar a un puesto de los que pagaba el ayuntamiento. Allí pasaría por alto ya que los trabajadores eran estudiantes que sólo tenían que pagar el alquiler. Si se iban uno o dos fuera, nadie lo notaría y sobretodo, a nadie le importaría.
Y así fue como Vicentito, sobrino de ministrillo, empezó a trabajar en un sitio “adecuado” para su capacidad en le que pasaba por alto que los demás tenían que soportar su incapacidad y que, además, dejo sin trabajo a unos estudiantes. Pero no pasa nada, esos estudiantes ya trabajarán en lo que puedan…
Malditos enchufados y malditos poderosos!









